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DERDEBA ROUHANÍA
13 – 14 Y 15 DE NOVIEMBRE DE 2009
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LA IMITACION IGNORANTE
En el nombre de Dios. El Clemente. El Misericordioso
Deseamos contarte esta pequeña historia, no para darte ninguna lección, ni tan siquiera mostrarte un camino, nuestro amable y sabio lector. Solo deseamos ser notarios de un hecho que nos causó asombro al escucharlo y, tal como lo recibimos, te lo hacemos llegar, solo te pedimos con humildad, que, por favor, prestes atención:
“Una vez un hombre que paseaba por el bosque, vio a un zorro inválido que a pesar de sus limitaciones, observó su robustez y aquel buen hombre se preguntó cómo haría ese animal para estar tan bien alimentado. Decidió pues, seguirlo y después de estar casi un día al acecho, descubrió que con mucha dificultad se había instalado en un lugar donde solía ir un león a devorar a sus presas. Cuando el león acababa de comer, se alejaba y, entonces, el zorro se acercaba a los despojos y se alimentaba a placer.
El hombre se dijo:
- Deseo que el destino me ofrezca el alimento de igual manera.
Dicho y hecho, se marchó a un pueblo y se sentó en una calle cualquiera a esperar. Pasó el tiempo y no sucedió nada, excepto que conforme iba pasando el tiempo, estaba más hambriento y débil. Sucedió que, cuando había llegado al límite de la extenuación, escuchó una voz interior que le dijo:
- ¿Por qué quieres ser como un zorro que busca la manera de beneficiarse de otros?, ¿Por qué no ser como un león que busca su propio alimento?
Un abrazo muy fuerte desde: Eneadanza. Las Danzas Sufíes para el Cambio.
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HISTORIA DEL IMÁN NASRUDÍN Y LOS DOS LOROS
En el nombre de Al-lah. El Clemente. El Misericordioso.
Alabado sea Al-lah en su infinita misericordia. Hacerte llegar mi desconocido lector una historia como la que nos ocupa, es propiciar el descreimiento, no obstante, gracias a tu generosidad para emplear tu tiempo en leer este pequeño relato y tu paciencia para entender nuestro punto de vista, deseamos narrarte este corto y sabio cuento que aunque te parezca sorprendente, ocurrió realmente, no tenemos fecha exacta de dicho acontecimiento, no obstante y dada tu inmensa sabiduría dejamos a tu buen criterio que lo sitúes en el tiempo y que la clemencia de Al-lah, se apiade de todos nosotros el día que buenamente decida que debemos acudir a Su Excelsa Presencia:
“Dicen que hace mucho tiempo, en uno de los zocos más importantes de Bagdad, el imán Nasrudín, abrió una tienda donde su única mercancía era exclusivamente dos loros encerrados en la misma jaula. Uno tenía un plumaje espectacular lleno de vivos y relucientes colores y que además cantaba maravillosamente, mientras que el otro estaba en un estado calamitoso y permanecía mudo. El primero estaba valorado en cincuenta monedas de oro y el segundo en ¡tres mil!
Un hombre que pasaba por delante de la tienda, atraído por los trinos del loro cantor penetró en el recinto, lo primero que observó, fue a Nasrudín que dormitaba plácidamente arrullado por la melodía incansable de aquel pájaro maravilloso, lo segundo que le llamó la atención fue la diferencia de precio que había entre aquellas dos aves. Despertó con suavidad a Nasrudín y dirigiéndose a él le dijo:
- Disculpad mi atrevimiento al sacaros de vuestro ensimismamiento, desearía compraros ese magnífico loro cuyo canto no deja de asombrarme, aquí tenéis las cincuenta monedas de oro, ¡contadlas por favor!
- Imposible, no puedo vender los dos pájaros por separado – le respondió Nasrudín.
- ¿Pero, por qué?
- Se morirían de pena si los separase.
- Bien – dijo el comprador – pero ¿cómo explica usted una diferencia en el precio tan exagerada? Pues, el más feo cuesta infinitamente más que el más bello y, además ¡no canta!
- -¡No se equivoque usted, mi señor, el loro que usted encuentra feo y deplorable, es el compositor!”
Un abrazo muy fuerte desde: Eneadanza. Las Danzas Sufíes para el Cambio.
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EL VALOR DE LO IMPREVISTO
Pareciera que cada día que pasa tenemos más acceso al conocimiento, el hecho de estar en “contacto” con la realidad que se está dando segundo a segundo a través de las pantallas de nuestros televisores, ordenadores y demás elementos electrónicos nos dota de una “capacidad” para planificar nuestras vidas al instante. Nos exigimos una precisión matemática en cada una de nuestras acciones, creemos que es lo más importante y necesario para así tomarle el pulso a lo imprevisto y no ser sorprendidos en ningún caso.
No queremos fallar en nada, todo ha de salir perfecto, nos comportamos como dioses infalibles en un mundo inestable y lleno de sorpresas. ¿Qué nos ocurre cuando las cosas no salen como teníamos previsto? ¿Aceptamos nuestros errores como aprendizajes? ¿Comenzamos de nuevo? ¿Toleramos con deportividad la experiencia del día a día y que la constancia en el trabajo nos llevará al éxito? ¿Qué sucede cuando no tenemos a nuestro alcance la información que queríamos consultar simplemente apretando un botón?
Nos exigimos esfuerzos sobrehumanos para poder estar a la “última” y nuestra exigencia es tal, que el mero hecho de perder la orientación nos hace desgraciados y faltos de propósito.
Confundimos aislamiento con comunicación. Teclado con conversación. Búsqueda con superficialidad, y, experimentar lo nuevo fuera del ámbito del discurso dominante, riesgo innecesario.
No somos infalibles ni tampoco pretendemos serlo, fallar es humano y deseable, aprender de los errores nos hace sabios. Salir a la calle, destaparnos los oídos para poder escuchar los sonidos, las risas de las gentes, las miradas y el cantar de la vida que late sin parar junto a nosotros. Observar con los ojos del alma, reír con la mañana, sobrecogerse al sentir que vivimos con intensidad, que el otro no es un peligro, que en la acción existe el riesgo y la satisfacción, y, si no acertamos podremos darnos otra oportunidad. Que aunque parezca lo contrario, en la lectura sosegada y paciente de un buen libro encontramos la libertad y aprendemos que la vida es el discurso que nos decimos cada mañana.
Un fuerte abrazo desde Eneadanza:
Las Danzas Sufíes para el Cambio.
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