En el nombre de Dios. El Clemente. El Misericordioso.
Hay momentos en nuestras vidas que nos preguntamos donde está la presencia de Dios. Cuando contemplamos el dolor, las dificultades, la pobreza, la enfermedad, la tristeza, el abandono, las guerras que asolan el mundo, niños que tienen que trabajar para subsistir, niños que se les recluta para la guerra, mujeres a las que se les esclaviza en la prostitución, el tráfico de armas, el terrorismo ya sea religioso o político, los abusos de poder etc. etc. etc.
Echar una mirada al mundo de nuestro tiempo, es contemplar la desolación y la aridez de un universo humano que parece que no ha aprendido a caminar por los senderos de la espiritualidad y la conciencia del Ser, de tal forma que ponemos en Dios la responsabilidad de las miserias de este mundo, sin darnos cuenta que no podemos hablar de Él, escribir sobre Él, rezarle a Él, cantarle alabanzas si no aprendemos de todos sus mensajes espirituales difundidos desde todas las filosofías, desde todos los rincones donde exista una religión.
No hacemos lo posible por caminar por los senderos del espíritu desde el comportamiento que venga dado por el amor que imprimamos a nuestras vidas para que vean la Obra de Dios a través de nuestros hechos. Nuestra existencia se debe reflejar en aquello que decimos que Dios Es. Si deseamos realmente Ser y vivir en los caminos de ese Conocimiento que vive en nosotros como legado de todos aquellos que transmitieron mensajes de paz y concordia para todos y, no para unos pocos, no nos queda más remedio que vivir en la gran meditación, aquella que hace que nos concentremos en esa conciencia necesaria para atrevernos a realizar el gran cambio en el Ser Humano.
¿Vivimos una vida feliz? ¿Nuestros pensamientos se llenan de paz? ¿Deseamos algo realmente distinto a lo que vivimos en estos momentos? Entonces pongamos en práctica todo aquello que sabemos y conocemos de Dios, no importa nuestras creencias, nuestras ambiciones o nuestras búsquedas de poder, lo realmente necesario que caminemos en la paz porque Dios es Paz, que lo hagamos en el amor, porque Él es Amor, que perdonemos, porque Él es Perdón, que conozcamos, porque Él es Conocimiento, que seamos misericordiosos, porque Él es Misericordia, que no estemos en la búsqueda de poder, porque Él es Poder, Abundancia y Vida Esplendorosa.
Si realmente deseamos conocer a Dios, trabajemos en Su Mensaje, pues, de no hacerlo así, quedaremos atrapados en el callejón sin salida de una mente fragmentada.
Un abrazo muy fuerte desde Eneadanza: Las Danzas Sufíes para el Cambio.
LA PRESENCIA DIVINA
marzo 25, 2011 por eneadanza
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